RECOPILACIONES '18

En esta sección encontrarás material específico sobre diversas psicoterapias, enfoques y autores.

CAMBIOS EN EL SISTEMA

Motivación y Emoción (Reeve, J., 2003)

La maldad consiste en aplicar dolor y provocar sufrimiento de manera deliberada, voluntaria e intencional a otra persona, sin mostrar respeto a su humanidad o a su calidad de persona. Rogers defendía que la maldad no es inherente a la naturaleza humana. Si los cuidadores proporcionaban suficiente autonomía, aceptación incondicional y disciplina, y establecían un vínculo afectivo y de cariño con aquellos a quienes cuidaban (estilo de apego seguro), entonces las personas, de forma inevitable elegirían el bien sobre el mal, tanto para los demás pero sobre todo, para sí mismas como individuos.

De acuerdo con Rogers, las personas se comportan con maldad en la medida en que han sido lastimados o traumatizados por sus experiencias. La violencia, con frecuencia refleja relaciones de poder y control, más que de autonomía y apoyo. La base de los comportamientos humillantes y abusivos hacia otros, es la inseguridad del agresor en las relaciones con los demás y consigo mismo.

Otros humanistas observan una mayor ambigüedad en la naturaleza humana, y suponen que la bondad y la maldad son parte de todos, al igual que los impulsos y las emociones. Con determinadas condiciones sociales, la tendencia a la autorrealización se equipara con los valores afirmadores de la vida: adopta formas constructivas de relacionarse y comportarse. Pero con condiciones sociales más desfavorables, la tendencia a la autorrealización se equipara con valores que propician la crueldad y los comportamientos destructivos, casi como método de supervivencia.

En consecuencia, una persona necesita un sistema de valores (conjunto de creencias, ideales, metas y principios de lealtad y congruencia, estándares del bien y el mal), para que pueda avanzar en su proceso de autorrealización. Si los padres no proporcionan a los niños y adolescentes tales sistemas, tomarán un sistema de valores dondequiera que esté disponible, ya sea entre los vecinos de su calle, en la universidad o en su puesto de trabajo.

El coraje de sanar (Bass, E. & Davis, A., 1995)

Del mismo modo que la mente elabora estrategias diferentes para cerrarse al dolor físico, también existen diversas formas para evitar el sufrimiento mental: desde la simple negación, hasta la actividad desenfrenada y la falsa imagen de uno mismo.

El miedo es uno de los condicionamientos mentales más poderosos, un condicionamiento aprendido que nos mantiene cerrados a la realidad.

Todos estamos condicionados por él y, al mismo tiempo, nos negamos a investigar su verdadera naturaleza.

Es precisamente el hecho de ser inconscientes del miedo, el que termina convirtiéndolo en uno de los principales motores de nuestra vida.

El sabio taoísta Chuang Tzu decía: «los pequeños miedos despiertan nuestra ansiedad y los grandes miedos nos llenan de pánico».

En este sentido, cuando el miedo nos asalte -ya se trate del miedo al dolor, a situaciones concretas, a enfermedades...- nuestra práctica debería consistir en abrirnos a él: ¿cómo experimentamos el miedo?, ¿cuáles son las sensaciones que produce en nuestro cuerpo?, ¿dónde las notamos?, ¿están asociadas a recuerdos o imágenes?.

Tratemos pues, de observar atentamente cómo se genera esa experiencia que llamamos "miedo", e intentemos descubrir cuál es su verdadera naturaleza y función. Entonces comenzaremos a darnos cuenta de que el miedo es una experiencia condicionada y transitoria y que, en la medida en que nos abrimos a él de manera eficiente y compasiva, dejamos de identificarlo como algo «mío» -como algo perteneciente al «yo»- y comenzamos a poder operar sobre él -yo manejo mi miedo-

GOLDSTEIN J., KORNFIELD J. (1996). Vipassana. El camino para la meditación interior. Barcelona.

Temores, miedos, ansiedades y pánicos

Para que lo que somos ahora haya podido desconectarse del dolor y seguir adelante, una parte de nuestra mente tuvo que quedarse allí…

Vamos por nuestro jardín esquivando minas a ciegas y dejando zonas sin explorar, por el miedo que nos provocan.

Si no miramos a esa parte de nosotros, si no la abrazamos y la recuperamos, la estaremos dejando a su suerte, no haciendo nada o culpándola por lo que sucedió, reproduciendo muchas veces lo que los de alrededor hicieron con nosotros y con el problema mientras se estaba produciendo.

Repetimos internamente lo que vivimos.

Nuestros peores recuerdos pueden dejar de doler, pasar a ser realmente recuerdos neutros, que no nos afecten.

Y podemos conseguir esto sin esforzarnos en desconectar, sin tener que apartarlos y sin dedicar energía mental a mantenerlos controlados.

Es posible dejar el pasado atrás sin riesgo de que se reactive ante lo que nos vaya sucediendo en el presente.

Podemos desactivar las minas del jardín y disfrutar de él.

Algunas personas son reacias a trabajar a fondo con sus experiencias difíciles, porque no creen que sea posible borrar el dolor que generaron.

Se sienten demasiado asustadas, o creen que están dañadas para siempre, que el dolor no acabará nunca.

Es importante saber que no es así, que hay muchas alternativas que pueden ayudar a cambiar esa huella emocional que nos han dejado.

No soy yo. Entendiendo el trauma complejo, el apego y la disociación: una guía para pacientes y profesionales 

(Anabel González, 2017)

La negligencia se relaciona con "la falta de" lo que debería suceder en una relación sana, y no sucede.

Puede que los clínicos pasen por alto este aspecto porque los pacientes no suelen describirlo como algo problemático.

De hecho, la mayoría de las veces aparece como un comentario que se pierde dentro de una historia de infancia plagada de contenidos aparentemente más inquietantes. Pero surge tantas veces, que es imposible no verlo: pacientes que mencionan haberse sentido invisibles desde siempre, y otros que de forma progresiva o puntualmente, se dieron cuenta de que ser invisible podía ser más seguro y funcionar como método de protección.

Esta forma de estar en el mundo y la dinámica que conlleva, termina generando dificultades en la etapa adulta:

NIÑOS INVISIBLEs

  • Problemas de autorregulación: "llorar está prohibido"

  • Problemas de autocuidado: "mis necesidades no son importantes"

  • Problemas para pedir ayuda: "cuanto menos me vean, más seguro estaré"

  • Problemas con los límites: "aguanto cualquier cosa si soy visto"

  • Problemas para conectar consigo mismo y con los demás: "no necesito nada ni a nadie"

  • Problemas de identidad: "tengo el trastorno más grave de todos"

Nuestro objetivo final al trabajar con la invisibilidad, es la integración de aquellas partes de la personalidad que no fueron reconocidas o aceptadas por los cuidadores.

Poder ver realmente estas partes de uno mismo, con interés y aceptación incondicional, tiene un significativo efecto reparador.

La invisibilidad comienza a disiparse a medida que las personas pueden ver y aceptar lo que son, o una vez que pueden ver y aceptar partes de sí mismas que nunca fueron vistas o aceptadas.

Extraído de: "Los efectos de sentirse invisible: entendiendo la conexión con las rupturas de apego tempranas y la negligencia" (Dolores Mosquera).

ESTD Newsletter 1 (7), March 2018

¿Cuál es el sentido de la vida? Dudo que alguien pueda responder a esta pregunta con nociones genéricas, pues el sentido de la vida difiere de una persona a otra, de un día a otro y de una hora a otra. Por tanto, lo que importa no es el sentido de la vida en formulaciones abstractas, sino el sentido concreto de la vida de un individuo, en un momento determinado.

Plantear esta cuestión en términos generales equivale a la pregunta que le propusieron a un campeón de ajedrez: “dígame, maestro ¿cuál es la mejor jugada del ajedrez?”. Sencillamente no hay contestación posible a esa pregunta, pues jamás se dará una buena jugada, o la mejor jugada, sin una referencia concreta a una determinada partida y a la particular personalidad del oponente.

Exactamente igual ocurre con la existencia humana: no deberíamos perseguir un sentido abstracto de la vida, pues a cada uno le está reservada una misión en particular, un cometido a cumplir en función de las circunstancias.

Por consiguiente, nadie puede ser reemplazado en su función, ni su vida puede repetirse: sus tareas son únicas, como únicas son cada una de las oportunidades para consumarlas.

La noción del sentido de la vida también se entiende desde el ángulo inverso: consideramos que cualquier situación plantea y reclama de la persona, un reto o una respuesta a la que sólo esa persona está en condiciones de responder.

En última instancia, el ser humano no debería cuestionarse sobre el sentido de la vida, sino comprender que la vida nos interroga a nosotros, como humanos que somos. La vida pregunta por la persona, le cuestiona, le lleva hasta extremos, y ésta contesta de una única manera: respondiendo con su propia vida y con lo que hace con ella.

Únicamente desde la responsabilidad personal se puede contestar a la vida.

La esencia de la existencia consiste en la capacidad del ser humano para responder responsablemente a las demandas que la vida le plantea en cada situación concreta.

El ser humano puede conservar un mínimo de libertad e independencia mental, incluso en situaciones que provocan sufrimiento, tanto físico como emocional. Se nos puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas –la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino.

Cada persona, aún bajo condiciones trágicas, guarda la libertad interior de decidir quién quiere ser, porque incluso en esas circunstancias es capaz de conservar la dignidad de seguir sintiendo como un ser humano.

Dostoyevski dijo en una ocasión: “sólo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos”.  

Viktor Frankl

EL SENTIDO DE LA VIDA

Personas Altamente Sensibles

"Es normal que te sientas así, eres una persona altamente sensible" (PAS).

¿Qué es esto? pensé, ¿otra excusa? La terapeuta me dijo que no había profundizado demasiado en ello, pero que, a partir de su experiencia, parecía haber ciertas diferencias en la tolerancia de las personas a la estimulación, así como en su apertura a encontrarle un significado más profundo a una experiencia, fuera buena o mala. Para ella, esta sensibilidad no era una señal de imperfección o de trastorno mental.

Al menos, eso esperaba, pues ella también se definía a sí misma como altamente sensible. 

Pasé varios años en terapia, ninguno de los cuales desperdicié, y me dediqué a trabajar diversos temas de mi infancia.

Pero el punto central acabó siendo el del impacto de este rasgo: se trataba de mi sensación de ser imperfecta.

Los demás se ofrecían a protegerme a cambio de disfrutar con mi imaginación, mi empatía, mi creatividad y mis intuiciones, algo que yo valoraba muy poco; y de ahí mi consiguiente aislamiento del mundo. 

La mayoría de las personas ignoran las sirenas, las luces brillantes, los olores extraños, el desorden y el caos. Sin embargo, las PAS se ven alteradas por todo esto. Muchos pueden sentir los pies doloridos después de un día entero en un centro comercial, pero están dispuestos a continuar si se les propone una fiesta nocturna. Las PAS necesitan algo de soledad después de un día así. Se sienten agobiadas, sobreactivadas.

Al cruzar una sala, la mayoría quizá tomen nota del mobiliario, de la gente, de todo lo que hay en la estancia... Las PAS pueden tomar conciencia al instante de si a esas personas les gusta o no estar ahí, de sus actitudes, de lo fresco o viciado del aire, de la personalidad del decorador, del nivel de confianza entre los integrantes de un grupo, etc. 

Usted es consciente de que no es capaz de tolerar lo que pueden tolerar otros. Lo que supone esta diferencia de activación es que usted se percata de niveles de estimulación que pasan inadvertidos para los demás. No es que su audición o visión, o cualquier otro sentido, sea más agudo. La diferencia se halla en algún punto en su camino hacia el cerebro, o en éste mismo. Somos más reflexivos en todo y clasificamos con mayor precisión. Esta apreciación de las cosas más sutiles, lo lleva a ser más intuitivo, lo cual no es otra cosa que tomar información y elaborarla de un modo seminconsciente o inconsciente. El resultado es que usted suele "saber, sin más", sin darse cuenta de cómo lo sabe. Además, este procesamiento profundo de detalles lo lleva a considerar más el pasado y el futuro. Una PAS "simplemente sabe" cómo las cosas toman el rumbo que toman o en qué va a resultar todo... convirtiéndolas en personas precavidas y sabias.

Sin embargo, en el lote hay otras cosas. Nuestra sensibilidad nos lleva a ser cautos y orientados hacia adentro, además de necesitar algún tiempo más en soledad. Y dado que las personas no son así (la mayoría), y no comprenden esto, se nos ve como tímidos, retraídos, raros, débiles o insociales. Temiendo que nos pongan etiquetas, intentamos ser como los demás, pero esto nos lleva a una posterior sobreactivación y angustia. Y paradójicamente, ESO es lo que hace que nos etiqueten como neuróticos o locos, atribución que nos acabamos autoadjudicando.

El Don de la Sensibilidad

Elaine N. Aaron

SIENTO, LUEGO EXISTO

Identificar tus Emociones Adaptativas

(Leslie Greenberg)

El diálogo socrático es una técnica cognitiva que busca provocar una discrepancia entre pensamientos, creencias y realidad,

a través del descubrimiento guiado del terapeuta mediante preguntas sistemáticas que pongan en evidencia los errores lógicos en la forma de procesar la información. Sócrates se comparaba con una matrona que ayuda a dar a luz, pero en este caso se trata del conocimiento.

Es descubierto por la persona: el terapeuta le asiste para procurarse a sí misma, versiones más flexibles y adaptativas de la realidad.

Imagina que hoy es tu cumpleaños y te quedas esperando todo el día la llamada de un buen amigo.

Empiezas a preguntarte: "¿por qué no me ha llamado?", "¿es que no le importo lo suficiente?"...

En mayor o menor medida te sientes dolido, e incluso enfadado.

¿De dónde vienen esos sentimientos negativos? 

No es la llamada en sí la que ha causado tu malestar, sino tus propios pensamientosla interpretación que has hecho casi de forma automática de los motivos de tu amigo para no llamarte. Si en lugar de tomarlo como algo personal, hubieras pensado cosas como:

“Es una persona olvidadiza, nunca recuerda ningún cumpleaños” o “tal vez estuvo muy ocupado con los exámenes”tu estado emocional al respecto habría sido muy diferente. Los pensamientos juegan un papel importante en la determinación de cómo se sienten y comportan las personas.

Si los pensamientos son negativos con mucha probabilidad nos sentiremos mal, y al contrario si son positivos.

La REESTRUCTURACIÓN COGNITIVA es un proceso terapéutico, basada en el diálogo socrático, que consiste en la identificación y confrontación de los pensamientos negativos e irracionales que nos asaltan ante determinadas circunstancias,

tales como los descritos en el ejemplo del cumpleaños.

Es una de las técnicas más frecuentes utilizadas en el contexto de la Terapia EMDRlas creencias disfuncionales y las emociones,

son objetivos imprescindibles que se abordan a lo largo del proceso terapéutico. Este tipo de pensamientos son llamados distorsiones cognitivas. 

Y aunque todo el mundo las tiene, un exceso de ellas se vincula de manera directa con determinados trastornos mentales y síntomas, como la ansiedad y la depresión.

Aprender a identificar las propias distorsiones cognitivas requiere práctica

No es natural, durante un ataque de ira, parar y preguntarse: “¿Qué pensamientos me llevaron a esta situación?”.

Para llegar a identificarlas conviene empezar buscando las emociones negativas o los síntomas.

Si existe dificultad para identificar para ello, habrá que centrarse en los comportamientos.

Tanto unos como otros, actúan como señales de alarma que nos advierten de que las distorsiones cognitivas están muy cerca.

Y TÚ, ¿QUÉ PIENSAS?

Extraído de: psicopedia.org

La culpa y otros aprendizajes colaterales

Hay que diferenciar dos tipos: la culpa como origen de nuestro dolor y la culpa como consecuencia de nuestras acciones.

La culpa no es una emoción innata. Siempre es fruto del aprendizaje.

Sus semillas llegan a nosotros en la niñez, y son sembradas en nuestra alma junto a la más temprana educación.

Cuando nuestros padres, con las mejores intenciones, no nos validan tal como somos y pretenden enderezar nuestra conducta a lo que corresponde, incorporamos la idea de que está mal ser como somos y comenzamos a embarcarnos en ser otros,

esto es, a acercarnos a aquel que nuestros padres dicen que debemos ser.

 

El más conocido ejemplo, es el de los varones a los que cada vez que se les sorprende llorando, se les advierte: "los hombres no lloran".

En esta situación, el niño saca sus primeras conclusiones: "está mal llorar, está mal lo que siento. No soy tan hombre".

A partir de ahí, cada vez que ese niño llore se sentirá doblemente mal: mal por la causa que lo hace llorar y culpable por estar llorando.

El problema radica en que no advertimos que la frase generadora del problema es una idea y no una realidad incuestionable.

Una idea que además es totalmente falsa: "los hombres no lloran", queriendo decir que los hombres son fuertes, queriendo decir que llorar es un asunto de debilidad, queriendo decir que las mujeres son débiles, queriendo decir que ser mujer es menos que ser hombre.

Con toda esa carga, los niños, los jóvenes y los hombres, aprenden a no conectar con lo que les pasa para que no aparezca la necesidad de llorar, y extienden la censura a todo sentimiento relacionado.

Bucay y Salinas, 2008

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